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Review de «The Disciple: A Wu-Tang Fable», de Netflix

Por JD Romero / Hace 16 horas
Review de «The Disciple: A Wu-Tang Fable», de Netflix

Era cuestión de tiempo que una gran plataforma, en este caso Netflix, narrara la historia de ‘Once Upon a Time in Shaolin’, el polémico disco de estudio de Wu-Tang Clan vendido por dos millones de dólares al controvertido empresario farmacéutico Martin Shrekli y posteriormente confiscado y revendido por los federales. Y es que la historia lo tiene todo.

Ya saben que para muchos Wu-Tang Clan es el mejor grupo de la historia del hip hop, con nueve miembros (al menos hasta el fallecimiento de Ol’ Dirty Bastard) y que bebe de fuentes tan distintas como las películas de Kung-Fu, los sonidos Spectrum y el soul y funk más agridulce, todo ello liderado por el ecléctico RZA.

¿Merece la pena el documental «The Disciple: A Wu-Tang Fable» de Netflix?

«The Disciple: A Wu-Tang Fable» narra, de manera estrictamente cronológica, cómo un fan holandés de origen marroquí (apodado Cilvaringz) pasó de perseguir a la banda neoyorkina por medio mundo hasta convertirse en la mano derecha de RZA, ser su corista en una de sus giras y, posteriormente, producir un álbum cuya única copia sería vendida por dos millones de dólares a una especie de villano de cómic del mundo tangible.

Por supuesto, la polémica está en cómo Cilvaringz convenció a la mayoría de integrantes del grupo para grabar estrofas sobre sus beats y, posteriormente (y en teoría sin el conocimento de los miembros de la banda), subastarlo como un disco inédito y hacerse millonario con ello. Todo bajo el consentimiento de RZA y de su hermano Mitchell «Divine» Diggs, propietarios de la marca registrada Wu-Tang y, por tanto, los únicos que podían aceptar la operación.

Durante los 105 minutos de duración y entre el color y el blanco y negro, el documental está dividido en dos partes bien diferenciadas: la historia de superación del niño holandés que sueña con trabajar con sus ídolos y la producción, estrategia de marketing y posterior venta del disco de estudio, casi veinte años después.

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Dirigido por Joanna Natasegura, el documental (aunque meramente funcional en dirección y montaje) funciona de manera elemental por tener como base una historia absolutamente imprevisible y por las imágenes de archivo del clan, especialmente las de RZA de gira por todo el mundo, en su mayoría inéditas.

Y es que, mientras que tenemos las declaraciones en primera persona del propio Cilvaringz, RZA o Cappadonna, se echa en falta la opinión de miembros del clan tan relevantes como Ghostface Killah, Method Man o Raekwon, cuyos pensamientos al respecto están recogidos en entrevistas de televisión del pasado. Dicha ausencia nos comunica dos cosas: la subjetividad del relato, producido por los que cobraron el dinero de la venta, y el malestar de la mayoría de integrantes de la banda de Staten Island.

«The Disciple: A Wu-Tang Fable» es una especie de aceptable fotografía general de cómo los sueños pueden hacerse realidad y, también, una narrativa partisana de cómo el dinero puede acabar haciéndote traicionar a tus propios ídolos. Un documental disfrutable para los amantes y completistas de la música de los de Shaolin en todo el globo y, muy probablemente, prescindible para el resto.